viernes, 5 de marzo de 2010

De la música

¿Que hay de esos sonidos turbulentos,
que velozmente rapaces asaltan la oreja,
emitiendo caricias musicales,
esparciendo un conjuro en quien se ablanda
y deja fluir su ser a través de ese mar sonoro?
Escucha y sólo así comprenderás a que me refiero,
cuando uno se siente primitivamente parte de un ritual,
perfectamente alineado con el cosmos en su totalidad,
dejándose arrastrar por ese torrente
que lo envuelve a uno
retorciendo extremidades a su antojo.
Que sensación más sublime,
trombones diabólicos emiten sus gritos de guerra
y uno se somete gustosamente
a la tiranía deliciosa del imperio auditivo.
Festejo es verdad
y celebración de todo lo vivido.
Grandiosa la experiencia,
de lo más cercana a la religión,
para el individuo de buen gusto y criterio.
Mentira; un disfrute popular,
de los que convierten en avalanchas
la acción de muchas personas,
y en danzas contagiosas como epidemias,
transformadas en la única liberación
correctamente aceptada
desde el principio de los siglos.

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