viernes, 5 de marzo de 2010

Del mañana


Y esto derivó en un corto: http://www.vimeo.com/16432079

Quizás mañana estará sentado frente a ella, gobernado por ella, siendo parte de ella. Razonando a la par y de la misma forma que ella, tras haber sacrificado su humanidad por esa máquina. Se comunicarán coherentemente en relación de iguales. Nada lo distraerá, es vital su concentración, no debe desperdiciar su tiempo siendo inútil. Realizar cálculos y planes meticulosos; alarga su brazo para alcanzar la calculadora, pincha su dedo con el cactus que tiene sobre su escritorio, único ejemplar restante de su especie. Un antiguo e inútil reflejo, lleva el dedo a su boca para detener el derramamiento; que estupidez suya, esa herida no verterá gota de sangre alguna. Ya no existe dentro de él, sus venas son circuitos vacíos de sangre, ahora anexos de cables. Él tan convencido y seguro ahora, tiene la certeza de todo, pero lo que deduce es un rastro de su conciencia humana le dice que le falta algo, le irrita no saber que, noches enteras de diálogo con la máquina y ambos no han encontrado respuesta racional alguna. Y está a la par de esa majestuosa máquina. Y Luisa todavía es otra, todavía tan extraña y distante para él, no logra comprenderla actúa a veces de manera incomprensible a su razón. Pero falta poco para que su agonía termine, para que se una nuevamente a él y se eleve a un estadio mayor, la observa y le place ver que pronto…
Ella tiene un libro en su mano, lo hojea curiosamente, le resulta fastidioso, números y números, códigos binarios, todo muy exacto y lógico, aunque de una falsedad reprochable. No son nada para ella, ella no es ellos. Deja caer el libro, rasgándolo antes con su uña. Su uña, la ha dejado crecer, solitaria en su mano; semanas antes decidió sin específica razón coherente dejarla ser, evadiendo tan debido e incuestionado rito higiénico. Y creció por su cuenta, sin cuidado alguno, el índice de su mano derecha simula ser una garra animal. Él no lo ha notado, lógicamente no toleraría tal falta de sentido ante la higiene personal, ella la ha mantenido escondida. Parada, mirándolo se sonríe. Toma su brazo izquierdo, algo le molesta, el tubo intravenoso que extrae su sangre le resulta hartamente incómodo. Incrusta su uña en el mismo, lentamente lo rasga, éste cede y cae. Que bien se siente. Él percibe algo extraño pero se mantiene ocupado intercambiando información totalmente prescindible para ella. Hambre, saciarla. Rocía su extracto cremoso de alimento con un condimento líquido de color rojizo; a algo le recuerda. Ella tose, tiene su pañuelo, gotas de sangre en él, tose nuevamente y tira el pañuelo hacia un lado. Él la mira, toma sus pinzas desinfectadas, se pone la máscara por precaución y se levanta. El pañuelo manchado yace a sus pies, lo toma cuidadosamente con sus pinzas, lo examina y lo arroja al tacho crematorio. Vuelve a observarla y se sienta, se concentra.
Él todo lo sabe, o al menos está convencido de eso. Ella está llena de dudas, sólo algunas cosas sabe con certeza; sabe que existe, es consciente de que respira. Pero respirar allí es casi imposible, encuentra sofocante esa encerrada habitación, sellada herméticamente para evitar cualquier contacto con el exterior. Y quiere salir afuera, desgracia para ella. Se acerca a la ventana, el afuera es visible pero sólo eso. Una membrana transparente recubre la ventana, la separa del mundo auténtico del que se siente parte. Ella parada junto a la ventana, su vestido deja descender lentamente hasta el suelo, ansía estar en contacto con esa naturaleza externa, respirar el preciado aire fresco. Su cara junto a la membrana, su aliento todavía cálido mancha la misma. Pero no puede inhalar aire fresco, la membrana es un obstáculo. Apoya ambas manos contra la membrana, mira su mano derecha, dobla el dedo índice y mueve su mano verticalmente; la membrana sensible se desgarra a medida que la uña la toca. ¡ALARMA! SIRENAS aturdiendo, LUZ ROJA, PELIGRO. Él se percata, la computadora también. Corre hacia Luisa, la toma por sus hombros y la sienta, ella ríe tímidamente. Reemplaza rápidamente los restos de la antigua membrana por una nueva como es debido. Camina hacia ella, se para justo enfrente. Luisa lo mira, con algo de lástima, se agazapa tanto como puede en la silla de su juicio, él la mira inquisitivamente. Ella agacha su cabeza, asco y miedo él le provoca. Él la toma por el mentón y levanta su cabeza. Abre su boca, venciendo las resistencias de ella deposita una pastilla en la superficie de su lengua y la obliga a tragarla. El tubo intravenoso vuelve a ser conectado, la pastilla hace efecto. Un mismo destino les depara a ambos, la uña de Luisa también muere.

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